Los anfibios se ven afectados por diferentes tipos de iridovirus, que están provocando mortalidades en masa en muchos lugares del mundo. Algunas especies de peces actúan como hospedadores de estos virus, facilitando su expansión.
Los virus que afectan a los anfibios pertenecen al grupo de los iridovirus, son tremendamente resistentes y se transmiten con gran facilidad. Aparecen preferentemente en ambientes degradados, donde los anfibios deben concentrarse en grandes cantidades para reproducirse, aunque también actúan en zonas bien conservadas. La sintomatología de la enfermedad que originan es complicada y, mientras que frecuentemente los individuos infectados mueren sin síntomas externos evidentes, en otras ocasiones se producen hemorragias locales y úlceras en la piel y, en general, agudas necrosis en órganos internos. Además, muchas veces sobrevienen infecciones bacterianas secundarias en los animales debilitados por los virus, apareciendo los síntomas conocidos como "pata roja" (hemorragias e inflamaciones severas sobre todo en los miembros). Algunos de estos virus afectan también a especies de peces, por lo que frecuentemente se introducen en el medio mediante repoblaciones o sueltas de estos animales. Además, los peces son eficaces reservorios u hospedadores, donde los virus pueden amplificarse con facilidad. Nuevos tipos de estos virus se están describiendo con gran rapidez, y su implicación en episodios de mortalidad en masa de anfibios en condiciones naturales ha sido demostrada en muchos lugares del mundo. Sin embargo, mucho más peligrosos para los anfibios parece ser la actuación de ciertos hongos que están relacionados más directamente con el declive global de los anfibios.
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